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EL PAÍS DE LAS SONRISAS PERDIDAS

Si la cara, como dicen, es el espejo del alma, a partir de ahora ese espejo refleja un alma colgada de las orejas, sin apenas expresión. Un alma semejante a un bozal. La mascarilla es ya un “complemento” más de nuestro vestuario, como el reloj o la bufanda. Pero es un añadido extraño porque lejos de adornar el rostro, lo atrofia y, más aún, lo culpabiliza como si nariz y boca fueran partes pudendas que el decoro obligara a esconder. Las manos con guantes, la cara apenas asomando los ojos. Prohibido tocar, y sonreír y sacar la lengua, y besar, y sorber. Solo mirar e intentar ver en los ojos de enfrente lo que hay detrás y dentro de ellos. Decía el otro día una sicóloga de las que ahora salen en la tele (sicólogos, biólogos y cocinillas acaparan medios y redes sociales para orientar nuestra perplejidad y llenar nuestras horas) que tenemos que aprender a sonreír con los ojos, a falta de boca. Quizá. Pero unos ojos, aunque transmitan alegría lo harán siempre sin matices. Todo lo ...

MARKETING, POLÍTICA Y DIDÁCTICA

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Cuando debo explicar a mis alumnos de forma resumida qué es el Marketing suelo acudir a la imagen del puente. El Marketing, les digo, es el conjunto de estrategias, procesos y acciones que unen a las empresas con su mercado. Es como un puente que hace posible que nosotros veamos satisfechos nuestros deseos y necesidades y las empresas sobrevivan y crezcan impulsadas por la posibilidad de seguir produciendo. En esta realidad, el Marketing es el enlace inevitable y necesario entre ambos. 

SON TIEMPOS DE MIEDO EMPRESARIAL

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En frase del escritor mexicano Amado Nervo "el miedo no es más que un deseo al revés". Añadiré que desear, igual que necesitar, incluye la posibilidad de no lograr. Así que la cruz del deseo es el miedo que puede asaltarnos ante la amenaza de un futuro frustrante, vacío, estéril… muy alejado de aquél que pretendíamos alcanzar. Pero hay otro miedo, que ahora se hace más presente tanto a nivel personal como social y que afecta a todo tipo de organizaciones, que es el miedo como reacción a la incertidumbre, a lo desconocido. El miedo que provoca la ignorancia y la imposibilidad de controlar los acontecimientos.

AL MENOS, APRENDER.

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Situaciones como la que estamos viviendo (la pandemia del Coronavirus) excitan también la imaginación, dibujándonos escenarios aterradores o creyéndonos en el país de las maravillas. Cada cual tirará hacia donde su estado de ánimo, su objetividad, su vivencia personal o su real gana le incline. No obstante, las experiencias extremas y generalizadas tienen la doble cualidad, primero de obligarnos a tomar posición, aunque ésta sea la estoica aceptación del flujo natural de los acontecimientos; y segunda, la oportunidad de analizar las causas y las consecuencias de lo vivido en las horas de confinamiento. Estas líneas buscan reflejar algunos resultados personales de dicha valoración, a trazo grueso porque no es tiempo de matices, e intentando que la opinión que inevitablemente se desliza esté sujeta a los hechos, es decir, a la lógica de los acontecimientos. La crisis de coronavirus, por tanto, me sugiere algunas enseñanzas que me atrevo a compartir.

SOMOS MÁS QUE DATOS

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La primera información me ha llegado desde la London School of Economics; la firma el profesor de origen griego, Jannis Kallinicos. La segunda viene de un colegio cercano y de los alumnos de literatura de la profesora Garrido. Una es una entrevista que resume el análisis que el Prof. Kallinicos hace de la influencia de las redes en nuestra vida y el protagonismo de nuestros datos digitales como rasgos identitarios que nos representan. La otra proviene de un artículo leído hace unas horas en la prensa local, en el que se narra la experiencia del reto que la profesora de la ESO propuso a sus alumnos: abandonar el móvil durante una semana a cambio de mejorar la nota en la asignatura.

LA CARA OCULTA DEL CHIP

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Leo con frecuencia artículos, estudios, premoniciones que aseveran o anticipan la bondad de la tecnología digital para nuestras vidas presentes y futuras. Vaya por delante que coincido, al menos en parte, con tales opiniones y reconozco los indudables beneficios que tal avance representa ya para todos, en tanto que actores de dicha evolución. Pero será que hoy tengo el día “chungo”, porque dándole vueltas al asunto creo que la tesis y los datos tienen otra cara que tampoco conviene perder de vista. Ya saben, aquello del “cristal con que se mira…”.

PÓNGAME UN “CRISPR” SOCIAL, POR FAVOR.

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Quizá usted, desconocido lector, sepa hace mucho qué es la edición genómica. Uno, que es de letras, lleva poco tiempo buceando por pura curiosidad en estos arrecifes del presente casi de ciencia ficción en el que sobrevivimos y para estar, más que nada, prevenido ante sobresaltos previsibles y nada aconsejables a cierta edad. El caso es que hablar de “Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats” ,o su acrónimo CRISPR, no aclara mucho. Decir “Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente interespaciadas” , por mucha riqueza léxica que poseamos, tampoco, excepto para las mentes cultivadas en temas de genética o novólatras impenitentes siempre a la última. Pues bien, al decir de los que saben, CRIPSR es la capacidad real de manejar a conveniencia un mecanismo natural de defensa de nuestras bacterias ante los virus malotes; se trata de poder programar la edición de nuestro ADN cortando donde convenga y sustituyendo lo eliminado por una secuencia celular ade...