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ANATOMÍA DE LA INCERTIDUMBRE

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 … Porque de pronto todo parece desmoronarse. La globalización como totem del siglo XXI, la paz (nunca completa pero sí aceptable), el bienestar que se deja entrever en el carro de la compra, el supuesto respeto de los gobernantes hacia sus gobernados, el acceso ilimitado a mercados y proveedores… Ese mundo al alcance de un clic que habíamos construido estas últimas décadas (en realidad fueron otros –Google y compañía—quienes lo hicieron por nosotros) resulta que no tenía los cimientos tan sólidos que suponíamos. La seguridad se inunda de dudas y la incertidumbre nos puede. El caso es que cada cual vive esta desconfianza a su manera, pero me atreveré a diseccionarla por si vislumbro su origen y su contenido.  Estamos en tiempos en los que conducimos nuestra vida con un menú de emociones primarias, apenas elaboradas y de fácil digestión intelectual, que nos llevan a interpretar lo que nos pasa y lo que pasa alrededor de forma superficial.  En tal intento nos solemos quedar en la piel de

BUSINESS RHAPSODY

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El 31 de octubre de 1975 se lanzó al mercado el álbum “A nigth at the opera”, firmado por el grupo de rock Queen. Al decir de los entendidos, Queen es uno de los máximos exponentes, si no el mayor, del rock progresivo de los 80 y 90, destacando sobre todo por su virtuosismo vocal y por la personalidad de Freddy Mercury, su cantante.  El disco contenía una pieza obligada en cualquier “playlist” (que se dice ahora) que se precie. Su título: “ Bohemian Rhapsody ”, 6 minutos alucinantes, llenos de juegos armónicos, de cambios de ritmo, de caricias y bofetones musicales… y de un cierto misterio en lo que al significado de su letra se refiere. Brian May, Roger Taylor, John Deacon y el propio Freddy Mercury “parieron”, en fin, una obra maestra de ésas que, como las del Bach más juguetón, no puedes dejar de saborear. Si nos situamos en la época de su grabación eran tiempos aún analógicos. Los registros se hacían en cintas abiertas de ferro-cromo, en mesas de mezcla de 16 a 24 pistas que ensegu

OKUPAS DIGITALES

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Te xtaphrenia, Ringxiety y Fomo suenan a personajes de una película de dibujos animados, pero, en realidad, denominan algo mucho menos divertido y bastante más preocupante. Llegan a estas líneas porque, entre las enfermedades sociales, son ya numerosas las derivadas del uso mal entendido de internet y los dispositivos que lo ponen a nuestro alcance. Las mencionadas identifican algunos de sus síntomas más llamativos. FOMO es el acrónimo de “fear of missing out”, traducido: “miedo a perderse, a quedarse fuera”. El fenómeno está relacionado con la ansiedad generada por el temor a perderse un evento social o cualquier otra experiencia de cuyo conocimiento te enteras por medio de las redes sociales. Lleva, por tanto, a la necesidad irresistible de estar continuamente conectados a internet y participar de manera activa en todas aquellas conexiones que nos relacionan con los otros, conocidos o desconocidos. Si nos fijamos, es el resultado extremo de ignorar las relaciones reales a cambio de

DATOS, PARA QUÉ OS QUIERO…!

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Esta mañana, como casi todas, he salido a hacer ejercicio con una caminata rápida, tal como me recomienda mi médico y reclaman mis articulaciones. Lo hago mientras oigo música y disfruto del entorno, abstraído de otras cuestiones. Al llegar a casa, sin embargo, un artilugio colgado de mi muñeca me dice que he dado 3.797 pasos, recorrido 2.91 kms, quemado 184 calorías, latido con una frecuencia media de 106 por minuto y todo ello durante 36’ 26”, entre otras menudencias. No sé si sentirme agotado, satisfecho o abrumado. blog.item24.com A 10.600 kms. del lugar de mis paseos, hace unos años, Shigeomi Koshimizu, profesor en el Instituto Avanzado de Tecnología Industrial en Tokio de materias como Ingeniería de Diseño Conceptual y autor de estudios como “Detección de transición de dúctil a frágil en microindentación y micro rayado de silicio monocristalino mediante emisión acústica” (listo parece), se dedica al arte y la ciencia de analizar el trasero de los demás. Cuando alguien está senta

EL ROBOT QUE SABÍA DEMASIADO… POCO

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Se titulaba “Rosumori Umelí Roboti” (Robots artificiales – o universales-- Rossum), pero Karel Capek , su autor, es sobre todo recordado por acuñar en dicha obra de teatro el término “robot”, derivado del checo robota  y que significa ‘trabajo duro’. La obra nos sitúa en una fábrica de humanoides sintéticos, una especie de ciborgs a la inversa, que, buscando liberar a los humanos de la atadura del trabajo se acaban convirtiendo ellos mismos en una clase oprimida. Es un alegato contra el maquinismo surgido al final de la primera revolución industrial que soñaba con excluir al hombre de los procesos productivos. Con el tiempo, la ficción ideada por Capek se ha hecho en parte realidad. Se puede llamar Roomba o Google Maps pero, en cualquier caso, los robots de nuestro tiempo obedecen todos a un mismo concepto e idénticos fundamentos. Son máquinas programables capaces de realizar determinadas tareas de manera autónoma y responden a una tecnología preparada para recoger datos, interpretarl

MARKETING CAMINO A ITACA

“Cuando emprendas tu viaje a Itaca / pide que el camino sea largo / lleno de venturas, lleno de experiencias”.  Konstantino Kavafis nos recordó en este famoso “Camino a Itaca” que el aprendizaje durante el trayecto supera a la satisfacción de alcanzar el destino. En los tiempos que corren, en los que “aventuras” y “experiencias” personales y colectivas nos zarandean por todas partes, no parece mal consejo, aunque el panorama no facilita la reflexión. Nos puede más la rabia, el enfado con unos y otros y con el destino, pero, en efecto, las lecciones de esta pandemia, si no caen en saco roto, serán útiles luego; si ya sabíamos coser el botón de los pequeños contratiempos, ahora estamos aprendiendo a suturar las heridas más profundas . Y aprender es lo que pretendo al entresacar algunas enseñanzas del entorno social y político para proyectarlas al marketing y la comunicación de marca. Pido la palabra Somos testigos mudos de una forma de hacer política, como muy bien explica P. Baños en su

¿TIENEN LOS PRODUCTOS IDEOLOGÍA?

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Las ideas no forman parte de los objetos, pero sí de quienes los producen y usan. Desde ese punto de vista podemos atribuir a los productos y, mejor aún, a las marcas una cierta forma de pensar. Resulta casi cómico hacerse preguntas como ¿cuál será la ideología de la Coca-Cola o de Samsung? ¿Tiene Bic unas creencias determinadas? ¿Y qué opinan Nestlé, Facebook, Disney o Viagra al respecto? La perspectiva es similar a lo que ocurre, por ejemplo, con las banderas. Un trozo de tela, con combinaciones más o menos afortunadas de color y dibujos y a los que en origen se otorgó significados precisos, es un objeto cargado de simbolismo que identifica un colectivo unido por la historia, el territorio y cierta actitud común ante la vida. La bandera pues, sí podemos afirmar que contiene una idea inequívoca y particular del origen y destino de una sociedad. Nuestro mundo se mueve a partir de esos símbolos. La religión, la política, incluso la economía, como muy bien explica Yuval Harari y antes q