Seguro que nos entendemos.
Todos conocemos el típico esquema del proceso de comunicación. Ese que dice que debe existir un emisor, un mensaje, el código que lo viste, un canal y un receptor. Son, en efecto, los pilares de la comunicación aunque a falta de aplicar un buen número de matices y añadidos necesarios. Hoy me quiero detener en el destinatario de todo mensaje, al que llamamos " receptor ", para aportar algunas pinceladas de lo que debería ser el receptor ideal. Porque no basta con esperar a que nos digan algo. En ese extremo final del proceso deben ocurrir determinados acontecimientos para que, en efecto, la comunicación pueda llamarse como tal. Al conjunto de estos elementos podemos llamarlo "alcance", es decir, la virtud de que el mensaje surta efecto en el receptor. Para ello es necesario: