ÉTICA Y EMPRESA: PAREJA DE HECHO.
El
mensaje promocional de su página web dice: "no están simplemente viviendo
el sueño americano, sino que, además, lo venden". En la película, Demi
Moore y David Duchovny forman un matrimonio ejemplar, adornado por dos hijos
adolescentes con quienes, según reza la placa de su puerta, forman la Familia
Jones, The Joneses.

Item dos.
La Asociación de Marketing de España otorgó en mayo del año pasado el Premio
nacional de marketing a la empresa GOWEX que, unas semanas después, hubo de
retirarle a la vista de la confesión de su CEO y fundador, Jenaro García
Martín, de haber falseado las cuentas hasta terminar en concurso de acreedores.
De una u
otra forma, el engaño como estrategia de ventas o la falsedad como recurso de
expansión empresarial nos plantan de bruces frente a la ética aplicada al
marketing y al comportamiento empresarial en su sentido más amplio.
La ética es una cuestión de valores, esos
fundamentos que nos guían en la vida, sea la personal o la organizacional, y
que son la constante referencia de nuestra actuación. En ello podemos hilar más
o menos fino. Puede simplemente asumirse que un comportamiento ético consiste
en no matar, no robar y no mentir, aunque solo con eso más de uno tendría ya
quebraderos de cabeza; o puede desmenuzarse en trazos más finos hasta
plasmarlo, por ejemplo, en un Código Ético Empresarial o Profesional.
En el
caso de las Empresas, la definición de
los valores-eje sobre los que actúa merece más de una pregunta. ¿Son sobre
todo valores económicos? No sería criticable, primero porque es legítimo que
quien invierte y se arriesga pretenda obtener beneficios y también porque la
rentabilidad hace viable uno de los fundamentos de cualquier empresa: la
consolidación y la permanencia ("pelotazos" aparte, como es obvio).
A modo de
bandera ética empresarial, podríamos usar también el mástil "social".
Se entiende así que la Empresa, ante todo, debe contemplar al trabajador como
su principal foco de atención y volcar sobre él todo su buen hacer. ¡Ojalá, en
algunos casos, esto alcanzara siquiera el grado de aspiración! Lo cierto es que
el trabajo, para la mayoría, es no sólo
soporte de supervivencia sino incluso asidero para conservar un cierto
equilibrio mental. El trabajo da sentido a la vida de muchas personas, aunque
sólo ocupe un tercio de su tiempo. Y es bueno que la empresa tenga al
trabajador en su punto de mira ético.
Para
terminar, entre otras posibles opciones, puede también entenderse que la
empresa debería inyectarse en vena el valor de su responsabilidad en el
desarrollo global de la sociedad, de su crecimiento y de su bienestar. Es
cierto que así debe ser y más en un entorno globalizado. La tan manida (y a
veces malentendida) Responsabilidad Social Corporativa (RSC o RSE) busca
justificarse en dicho escenario.
En
resumen, beneficio del capital,
trabajador o sociedad parecen responder, respectivamente, a valores éticos que
la empresa podría asumir. Sin embargo, en mi opinión, a ello hay que añadir
dos factores básicos para aproximarnos a una correcta comprensión de la ética
empresarial.
El
primero es que los valores no deben
confundirse con los objetivos. Aspirar a que la empresa trabaje sin
descanso para el bien de la sociedad no es sino el reconocimiento retórico de
la incapacidad para hacerlo, y alardear de ello es pura exageración. Los valores éticos o son herramientas de
uso diario o no son.
Y el
segundo es que, como consecuencia de lo anterior, los valores éticos con los
que actúa una empresa han de ser
complementarios y equilibrados. Significa que, tomando por ejemplo los
mencionados antes, respecto a la sociedad la empresa ha de trabajar para que su
desarrollo se apoye en la igualdad. El acceso sin discriminación a las
innovaciones médicas o nuevos medicamentos ilustra lo que quiero decir.
De http://www2.dupont.com |
Pensando
en los trabajadores, la ética empresarial debe actuar haciendo posible su crecimiento
personal. El trabajo es un servicio que la empresa compra, es cierto, pero el
actor de dicho servicio es un ser humano que va mucho más allá de sus
conocimientos y habilidades. Hay empresas que lo olvidan y justifican casi todo
a partir de una retribución salarial.
Y, en
fin, si el beneficio económico es un valor, éste debe instrumentalizarse para
que alcance de forma equitativa a todos cuantos lo hacen posible. La empresa y
sus propietarios/accionistas deben reconocer y ser consecuentes con la evidencia
de que, seguramente, "ganan lo que ganan" a costa del medio ambiente,
a costa del estrés acumulado de los trabajadores, a costa de prácticas
demasiado agresivas de negociación con proveedores, o… En definitiva, el
beneficio del capital es un valor ético en la medida en que se distribuye de
alguna forma entre "todos" los agentes que lo hacen posible.
Hablar de ética empresarial es, por tanto,
hablar de una estrategia que debe formar parte del negocio al mismo
nivel que las estrategias de marketing, financieras o de expansión. Por eso ética y empresa son una pareja de
hecho, que conviven aunque a veces se ignoren. En otra ocasión comprobaremos
que también son una pareja de conveniencia, porque sí, es cierto, la ética es
rentable.
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