Ya eres una PYME, pero ¿tienes una MARCA…?
Quizá lo más frecuente entre nosotros sea echar de menos
algo de calderilla para pagar la Zona Azul, pero si algún afortunado anda
sobrado de “suelto” y no sabe qué hacer con tanto le bastará con poner sobre la
mesa 118.863 millones de dólares para hacerse con una manzana mordida, o más
exactamente, con su silueta. Y no será mala compra, por cierto. Es lo que,
según el estudio Best Global Brands 2014 de Interbrand, vale el símbolo que
identifica a Apple.
Algo más económico es el logotipo de Google, apenas 107.439
M. $. Y si nos ceñimos a las marcas patrias, la más valiosa, Zara, sale por
12.126 M. $ (algo más de 3.000 por letra). Dicha valoración no contempla los
aspectos físicos de dichas empresas como edificios, maquinaria, mano de obra;
ni tampoco su know how, su tecnología o su stock. Tan solo se refiere a su
marca identificativa: a una manzana silueteada, a 6 letras de colores o a esas
otras cuatro hispanas de aspecto más serio de los ejemplos referidos.
No pensemos tampoco que el valor de dichas marcas está en la
complejidad de su origen o en la alcurnia de su nacimiento. Steve Jobs llamó
Appel a su empresa, según su socio S. Wozniak, por razones misteriosas que van
desde su gusto por las manzanas que cultivaba a su admiración por los Beatles y
su discográfica, pasando por la que el propio Jobs alguna vez confesó que no es
otra que, además de gustarle su sonoridad, garantizarse así ir por delante de
Atari, su competidor, en la guía telefónica.
Este anecdotario, en contraste con el valor pecuniario real
de tales logo-símbolos, no hace sino reforzar aún más la importancia de la
marca. Pero ¿por qué es así? Es fácil de entender. El valor de una marca es
directamente proporcional a su poder de atracción para el mayor número de
consumidores. Muy pocos comercios en el mundo pueden alardear de tener miles de
clientes esperando desde la noche anterior la apertura de sus tiendas cuando
lanzan un nuevo producto. Apple sí. Y muy pocos son tan vistos cada día en
miles de millones de pantallas de todo tipo como Google o cualquiera de sus
productos. Eso es valor, es decir, dinero.
Pero descendamos a la realidad de la PYME (hasta 250
trabajadores) que conforma el 99,88% de las empresas en nuestro país, o, mejor
aún, vayamos a nuestro entorno más próximo y abundante en el que el 45,8%
oscilan entre las empresas unipersonales y las que alcanzan los 9 asalariados.
¿Cómo encajar la marca en su día a día¿ ¿cómo convertirla en herramienta de
venta, más allá del rótulo en la fachada o de la tarjeta de visita?
Seamos realistas. Para una pequeña empresa es impensable
alcanzar el nivel de difusión de una marca como las mencionadas en donde las
inversiones son descomunales. Pero no en todas es igual. Fijémonos, por el
contrario en Zara. No hace publicidad y sin embargo ha logrado un altísimo
valor de marca. La difusión ha llegado, entre otras cosas, por el boca a oído
de la experiencia del consumidor y por un producto visible y bastante identificable.
Y esta estrategia sí es aplicable a la PYME.
Es en este ámbito donde creo que la PYME debe jugar sus
bazas de branding. Los mercados reducidos en los que una empresa pequeña
normalmente se desenvuelve son como patios de vecinos en los que se intercambia
información y experiencias de consumo con naturalidad. Quién no ha preguntado a
un vecino o amigo a qué taller lleva el coche y cómo le ha resultado; o cuál es
su dentista de confianza; o su peluquería; o en qué frutería ha encontrado esos
melocotones de escándalo que asoman en la bolsa de la compra. Crear
prescriptores es el gran reto, por tanto, de la PYME. El boca a oído es su
mejor campaña.
De lo anterior cabe deducir que la calidad en todos los
aspectos –producto, atención…-- es la mejor, si no la única, forma en que la
PYME puede asentar el prestigio y valor de su marca para que ésta comience a actuar
como generadora de negocio, al igual que ocurre con las grandes marcas. La
diferencia estriba en que a éstas últimas una pequeña porción de clientes
insatisfechos en un mercado global apenas si hace mella en su cuenta de
resultados. Preguntemos lo mismo a la Tintorería de la esquina de la que se
comenta que raro es el cliente al que no le han estropeado una prenda; ya puede
ir pensando en “reinventarse”… por razones obvias.
El llamado “territorio de la marca” cumple siempre un ciclo
que se completa con etapas consecutivas. Las iniciales son vivencias y
recuerdos emocionales que tenemos de la marca derivados de la experiencia de su
compra y de su uso. La siguiente etapa es la valoración personal de lo vivido
que es la que genera (o no) la fidelización. Y por último entramos en el share o
impulso que nos lleva a compartir lo anterior…, a asomarnos al patio de vecinos
y contarlo.
La estrategia de marca o branding no puede ser la misma en
una gran empresa que en una PYME. El pilar básico es el mismo, la gestión de
una identificación visual, sonora y emocional que suponga el cordón umbilical
de la empresa con su mercado. Pero los procesos y matices de dicha gestión
difieren en razón de las características y volumen de la empresa, así como de
otros factores como el tipo de producto/servicio, el mercado, la estrategia
global del negocio, etc.
No obstante, permítasenme algunas pinceladas, de tú a tú y a
modo de guión, para orientar la estrategia que una PYME puede hacer sobre su
marca:
- Si tu empresa es pequeña, y por eso mismo, lo primero que necesitas es sobresalir y ser reconocido. Y la marca es el camino.
- Si eres una PYME, tu subsistencia y tu beneficio vendrán de la cantidad y calidad de los comentarios de tus clientes. De ellos depende en buena medida la creación de valor de tu marca para generar negocio. Ellos te tienen que hacer la Campaña… gratis.
- El reto es que su experiencia en tu empresa sea positiva. Tú verás cómo lograrlo, pero déjate llevar por el sentido común.
- Recuerda que un comentario negativo te quitará más clientes potenciales que los que pueden llegarte por un comentario positivo. No vale, por tanto, con que hablen… aunque sea mal.
- No olvides que la marca, además de verse y verse bien, debe sentirse. Invierte menos en el rótulo de la fachada y más en aprender cómo tratar las reclamaciones, por ejemplo.
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