EL CLIENTE Y LA TERAPIA DE PAREJA
Uno de los signos de los tiempos es que parecemos
obsesionados con replicar el mundo real en un mundo virtual adherido a una
pantalla. Reflejamos la amistad en
Facebook, la enemistad en Hatebook, la muerte en Respectance, el noble ocio de ir de cañas con los amigos
en Fubar, el cortejo erótico-sexual en cientos de miles de webs
en las que conocer a tu pareja, y hasta las visitas carcelarias en Prisoninmates. Ya
casi no hay deseo, emoción o
comportamiento humanos que no se halle también escrito y disponible en HTML.
En el marketing, como componente estratégico
encargado de tender puentes entre empresa y mercado, el consumidor (antes,
durante y después de convertirlo en cliente) ocupa más que nunca el centro de
sus preocupaciones. La marca busca el consabido "engagement" como el
Santo Grial, fomentando los contactos y las conversaciones con el cliente…
Tanto que, superadas por la magnitud de la realidad, cada vez más empresas
confían a un robot las llamadas por teléfono con la última oferta o, en sentido
inverso, se crean plataformas como GetHuman que se encargan de
realizar las quejas y reclamaciones oportunas en nombre del cliente a cambio de
una módica cantidad, entre 5 y 25 $, en función de la Compañía con la que deban
lidiar y de la dificultad del "problema" a solucionar. El éxito, por
cierto, de esta startup de Boston parece asegurado.
En resumen, en las nuevas relaciones con el
mercado, los "servicios de atención al cliente" pueden cumplimentarse
ya con una máquina encargada de dicha atención y un intermediario
ejerciendo de cliente, lo que de hecho viene a demostrar la irrelevancia
que parecen tener el servicio y el cliente.
Muestras de este nuevo escenario digital y
paradojas mercadotécnicas aparte, el
cliente es primordial porque es la fuente de los ingresos en la empresa. Y
su satisfacción es esencial porque es la que sostiene la continuidad e
incremento de dichos ingresos. El objetivo final es establecer nexos de unión
firmes y duraderos entre ambos, lo que, en términos de marketing, se ha dado en
llamar fidelizar y vincular, verbos que a veces se usan como sinónimos, pero
que no lo son, y conviene recordarlo.

La
vinculación, sin embargo, se mide por la magnitud del compromiso económico del
cliente con la marca u organización. De nuevo tomando como ejemplo el Banco, un cliente
puede serlo de sus productos mostrando su fidelidad al mismo, pero estar mucho
más vinculado con otra Entidad al haber confiado en ella para invertir el
grueso de su capital.
La empresa obtiene rentabilidad tanto de la
fidelidad como de la vinculación del cliente, en cada caso por caminos algo
diferentes. Sea cual sea, no obstante, el atributo que pueda aplicársele lo
cierto es que el reto siempre es el mismo: conservar al cliente como tal. Y
para eso es básica una estrategia.
Permítaseme apuntar las que, en mi opinión,
son algunas de sus claves.
1º/
Conocimiento.
No es posible relacionarse con quien no se
conoce. Hoy, la digitalización de nuestra vida en la que, como hemos visto al
principio, ya casi no quedan resquicios analógicos, justifica el apelativo
"big" junto a los "data" que desperdigamos en el camino.
Eso significa que, según los expertos,
es tal el volumen de información del que ahora se dispone sobre el mercado en
general, que el reto está en desarrollar sistemas de procesamiento capaces de
extraer de ella el conocimiento que la hace útil; y conseguirlo de forma
cada vez más veloz, barata y fiable.
Además,
la actitud de los humanos ante la red ha creado recursos no dependientes de un
procesador sino de un comportamiento. Una muestra de ello son las
Comunidades virtuales o grupos de personas reunidas alrededor de un interés
compartido. En otras palabras, potenciales nichos de mercado que emergen en
formato digital y se hacen accesibles. Así, si su negocio tiene que ver con
productos capilares masculinos, y más en concreto todavía con los bigotes,
basta con asomarse a Stache Passions para encontrar a un
grupo numeroso de fanáticos bigotudos deseosos de novedades que pueden
convertirse en clientes… cogidos por los pelos. No es un ejemplo rebuscado sino
representativo de las posibilidades de la red para acceder a los perfiles más
precisos.
2º/
Acercamiento.
El segundo paso en esta especie de
"flirteo mercantil" es lograr una aproximación a nuestro mercado
objetivo. Las redes sociales y todo aquello que, en suma, incluya un share o
sus opciones equivalentes para interactuar, así como el marketing de
guerrilla
que se hace fuerte en el mismo territorio que el ciudadano, suponen un nuevo
lugar de encuentro entre marca y mercado.
En nuestro país, uno de los ejemplos
paradigmáticos del uso de las redes con este objetivo es el de la Policía
Nacional. Hoy es referencia entre las Instituciones homónimas a nivel mundial. Quien
fue su responsable, Carlos Fernández Guerra, no tiene reparos en desvelar la fórmula
de su éxito:
I+U+I o, lo que es lo mismo, aportar contenidos Interesantes, Útiles e
Impactantes. ¿Elemental, mi querido Watson? Claro, como casi todo lo que funciona
también en el mundo digital.
Hay
empresas, no obstante, que confunden acercarse con entrometerse. La sobreexposición
de nuestra vida privada y la ingenua actitud con las que a veces nos movemos en
las Redes parece inducir a algunas marcas a creerse "como de la
familia". Y no, no lo son. Una distancia adecuada, en términos de
confianza, recurrencia y hasta vocabulario, suele dar mejores resultados que la
intromisión. Que muchas marcas formen ya
parte de nuestra vida no ha de significar que éstas puedan acceder a todos los
aspectos de la misma.
3º/
Interés.
… En el sentido de preocupación por aquello
que afecta e interesa al cliente. Sintonizar
con sus inquietudes, sus aspiraciones, sus convicciones es prueba de que la
marca empatiza con él, más allá del mero objetivo comercial. Las
estrategias de imagen sabemos que buscan al final resultados económicos, aunque
sea de forma más sutil que las acciones puramente comerciales. Pero el cliente,
que ya lo tiene asumido, agradece que las empresas y sus responsables, como
caras visibles de las marcas, se involucren en áreas que al resto de los
mortales les afectan.
La Responsabilidad Social Corporativa es la
herramienta más importante para cumplir esta función. Todas las grandes empresas
incluyen ya en su DNI sus compromisos con la sociedad, cada una con enfoques
diversos. Así, McDonalds incide en su
relación con los proveedores nacionales, sus programas de empleo y promoción
interna, o su interés en fomentar el consumo de alimentos saludables (sic);
otras, como CocaCola introducen variables
interesantes como es la información a los padres sobre los aspectos de la
protección de datos que afectan a sus hijos así como recomendaciones a estos
para un correcto uso de internet.
El problema suele surgir cuando frente a las
buenas intenciones y propósitos de las empresas los consumidores sitúan la realidad.
Y es que la credibilidad de aquéllas tiende a apoyarse en la credulidad de
estos, no siempre con buenos resultados.
4º
Respeto
Esta suerte de jungla que para las marcas es
el mercado, en la que también sobreviven y prosperan las más fuertes, las mejor
adaptadas, las más atrevidas y aquéllas que más claros tienen objetivos y
estrategias, es propensa a alimentar comportamientos en la frontera de lo
éticamente permisible, que, con demasiada frecuencia, incluso, se traspasan.
Hablamos sencillamente del respeto que todo consumidor merece, y con más motivo
una vez convertido en cliente.
Un exponente de la gravedad del problema es
que la falta de respeto, por ejemplo, con la mujer y su uso en publicidad, se
ha convertido ya, en formato parodia, en argumento de comunicación comercial.
Una marca de desodorantes masculinos bautiza así, Respect, a su producto, incluyendo, además,
una especie de manifiesto de buenas
intenciones para con la mujer. Sintomático.
Es un ejemplo, pero lo cierto es que el cliente merece simplemente un trato
acorde con su importancia para la empresa. No se trata, por tanto, de
asumir comportamientos heroicos ni de adoptar filosofías corporativas
cuasi-beatíficas. Incluso cuando, erróneamente, no se cuenta con la ética como
ingrediente estratégico, basta con ser coherente y práctico.
Si es cierto, como decíamos, que el cliente
es la fuente de los ingresos, el sentido común aconseja tratarlo siquiera con
deferencia. No lo hacen así marcas que incumplen con la calidad prometida; usan
el precio, por exceso o por defecto, como recurso para conquistar del mercado…
a cualquier precio; contemplan la publicidad como simple manipulación mental; y,
en fin, entienden que el cliente es un item más de usar y tirar en su balance.
Conocer,
acercarse, interesarse y respetar… Y no, no es un manual para terapias de
pareja. Es puro sentido común para hacer negocio
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